lunes, 15 de julio de 2013

El Memch y sus estrategias de movilización de masas femeninas. Chile en la década de 1930 y 1940



*En la presente investigación analizaremos la historia del Movimiento de Pro-Emancipación Femenina con el fin de indagar en las estrategias de movilización femenina de este grupo femenino creado el 11 de Mayo de 1935 en la Escuela de Leyes de la Universidad de Chile . Para tales efectos ocuparemos la conceptualización de Laclau en torno a las lógicas del populismo como también referencia a fuentes primarias del período, siendo un ejemplo de ello la Revista “Mujer Nueva”. La presente investigación será presentada en este blog a través de tres capítulos. 

Luis Felipe Caneo 

Capítulo I: ¿Qué es el Feminismo?
 
 
              Uno de los grandes desafíos al investigar en torno a un tema relacionado con la historia de género, como el caso del Movimiento de Pro-Emancipación Femenina (Memch), es definir y entender el feminismo como un movimiento plural que poco a poco fue adquiriendo visibilización  en el contexto europeo, para posteriormente expandirse a otras latitudes del mundo a lo largo de la historia de la humanidad. Estudio en el cual se ha evolucionado desde esquemas interpretativos simplistas centrados en la mujer como víctimas o bajo la idea de un desafío heroico de lucha de las féminas contra la opresión practicada hacia su sexo a, en este último tiempo, análisis donde confluyen mecanismos de sub- alternidad (éstos permiten el predominio de una sociedad de rasgo masculino) y también las múltiples maneras de resistencia femenina.
 
             En este capítulo el eje narrativo será reseñar la aparición de las ideas feministas en Europa y como éstas se transformaron en movimientos de reivindicación femenina en diversos países, los cuales llegaron posteriormente a otras latitudes como, por citar un ejemplo, América Latina. Otro punto importante será definir el término “Feminismo”, esto con el fin de comprender conceptualmente las acciones femeninas.
 
               Es importante señalar que al llevar a cabo una narrativa de género respecto a los itinerarios de los diversos movimientos de las mujeres, es clave tener en cuenta al momento de investigar los discursos y códigos de género imperante en una época, esto porque actúan como ejes condicionantes del día a día de las mujeres. Al respecto, Mary Nash, en su libro “Mujeres en el Mundo”, señala que “a menudo, sus respuestas colectivas venían condicionadas por sus vivencias de género, tanto para cuestionar los arquetipos dominantes de feminidad como para  negociar cambios y mayores horizontes de actuación y de libertad”[1], indica la académica. En definitiva, no se debe hacer sólo hincapié en sus demandas sino tomar en consideración el contexto en el que las mujeres estudiadas se encuentran insertas y cuyo norte es poner en cuestión la noción de un feminismo homogéneo, pues no hay “un único canon que exprese una versión auténtica del mismo”[2] .Lo anterior, porque el feminismo , entendido como un movimiento social, no contempla solamente organizaciones y estructuras políticas de carácter formal , pues hubo redes informales de reivindicación con escasa presencia pública que apuntaba a cuestionar los códigos de género.
 
Definición Feminismo
 
           Al enfrentarnos a la palabra “Feminismo”, término fundamental para poder entender el contexto en el que nace el Movimiento de Pro-Emancipación Femenina, varias son las interrogantes surgidas en este ejercicio: ¿Qué es el feminismo?, ¿Cuáles son los significados del feminismo? y  ¿Cómo se expresó en Chile? , preguntas que son respondidas por la bibliografía secundaria de historia de género.
 
          De acuerdo a Asunción Lavrin, en su libro “Mujeres, Feminismo y Cambio Social en Argentina, Chile y Uruguay 1890-1940”, las raíces del feminismo latinoamericano  se encuentran en el último cuarto del Siglo Decimonónico cuando comenzaron a aparecer escritos feministas en los medios de comunicación y el trabajo de la mujer en las industrias se hizo visible para la sociedad en su conjunto. Lo anterior provocó un socavamiento de la idea tradicional de ser mujer, la cual se creía que debía estar en la casa con el fin de conservar la integridad de la familia y de la sociedad. “Sus méritos como madre y esposa se agregaron a sus derechos legítimos según la ley y a su papel de objeto y sujeto de las políticas públicas. El significado de la condición de mujer adquirió una nueva dimensión”[3], indica Lavrin, haciendo alusión de ésta manera a las nuevas dimensiones políticas, económicas y sociales de las féminas que tuvieron su espacio en la sociedad pues el contexto histórico se mostró receptivo a temáticas relacionadas con la mujer y lo referido a la familia. Esto último se explica por el hecho de que en aquel período se generó una ampliación de la base política, donde había una oposición a ideologías contrarias a la exclusión de grupos sociales que eran indispensables para lograr la llegada de la modernidad a los países del Cono Sur, se pensaba que todos los grupos sociales se necesitaban para que ayudarán desde su posición en la sociedad a colaborar por cambiar diversos ámbitos del mundo que estaban viviendo. Primaba la idea de que las mujeres en su nuevo rol de ciudadanas, además de su trabajo e inteligencia, iban a construir una nación mejor. “Como símbolos de la nacionalidad o la virtud pública, como sujetos y objetos de la formulación de políticas y como destinatarias de llamamientos políticos, las mujeres fueron adquiriendo una creciente importancia para los gobiernos conforme avanzaba el siglo”[4], comenta  Maxine Molyneux en el libro “Movimientos de mujeres en América Latina”, situación que nos habla de cómo las mujeres poco a poco se van convirtiendo en sujetos políticos de interés para las autoridades de la época.
 
         Bajo este escenario, la clave es comprender la definición de feminismo, el cual a juicio de Lavrin cuenta con un carácter intelectual y social. Feminismo es “adquirir conciencia personal de lo que quería decir ser mujer y percibir las necesidades idiosincrásicas de la mujer, pues ambas cosas eran indispensables para determinar cuáles políticas promoverían un cambio en la condición de las mujeres y en las relaciones de los sexos”[5]. Por su parte, Judith Astelarra ve el feminismo como “resistencia a aceptar roles, situaciones sociales y políticas, ideologías y características sociológicas que tienen como fundamento el que haya una jerarquía entre hombres y mujeres que justifica la discriminación de la mujer, en el transcurso de la historia se han producido muchos y variados movimientos feministas”[6] , indica. Analizando la visión de ambas autoras, creemos que la primera se acerca más a una definición del feminismo[7], pues no necesariamente las ideas de esa índole involucraban un cuestionamiento a los roles asumidos por las mujeres sino solicitaban ellas un reconocimiento hacia su persona en cuanto a ser con capacidades de independencia, un punto que en esta investigación permitirá comprender las motivaciones detrás de la creación de diversos organismos pro-femeninos como el Club de Señoras, El Consejo Nacional de Mujeres etc. Patricia Pinto, académica de la Universidad de Concepción y docente de Literatura, en tanto, ve el feminismo de aquella época “como una necesidad de conocerse a sí misma, lo que implica, también, conocer el papel que la mujer ha jugado en la historia. Es un hacerse cargo de la participación de la mujer en la historia del mundo”[8].
 
             Un conocerse a sí mismo femenino, como lo plantea Pinto, que se hizo visible en el mundo de aquellos años gracias a una serie de causas internas y externas, entre las cuales podemos mencionar las siguientes: “La influencia de la Gran Guerra, fundida con las condiciones internas de nuestro país: despertar del espíritu asociativo, mejores niveles de educación femenino, ejemplo de las luchas obreras e incorporación de la mujer a ellas, participación de mujeres en el trabajo asalariado, desarrollo de las ciudades y conocimiento de otras realidades en las cuales el movimiento feminista exhibía ya algunos logros”[9], indican las autoras del libro “Queremos votar en las próximas elecciones”, lo cual nos permite saber las razones del surgimiento del feminismo en el Cono Sur y entender las relaciones existentes entre el movimiento y la realidad socio-político en el cual se desplegó.
 
           Lo interesante de ésta temática es que analizando lo anterior, permitirá en el transcurso de la investigación indagar la forma en que el pensamiento feminista fue generando conciencia en las mentes de hombres y mujeres de principios del Siglo XX, proporcionando, al mismo tiempo, el marco del discurso en el cual emerge el Memch.
 
El Feminismo en Europa y Estados Unidos
 
           Al buscar los orígenes de la sociedad occidental  moderna y su sistema de género de dominio masculino, éstos los hallamos en la consolidación de la sociedad burguesa durante las primeras décadas del Siglo XIX. Tomando como referente un discurso de la domesticidad[10], se estableció una frontera insuperable  entre los espacios público de dominio masculino y un área privada de prerrogativa femenina. Asimismo, la política liberal tradicional, junto con el desarrollo industrial, generó una imagen del hombre equivalente a la de “ciudadano, trabajador y cabeza de familia, proveedor  de la economía familiar y único sujeto político”[11], lo cual a la larga permitió el asentamiento de un discurso de masculinidad y feminidad como  rasgos esenciales de la sociedad contemporánea, careciendo las mujeres de derechos políticos y civiles. Cabe señalar que la secularización de las ideas producidas en el Siglo Decimonónico “produjo un cierto desplazamiento de las bases cristianas del discurso tradicional de género hacia otras sostenidas por explicaciones naturales de la diferencia sexual que procedían de la máxima expresión de autoridad moderna: las ciencias”[12], es producto de esto que las mujeres, de acuerdo al discurso predominante en la época, fueron reducidas en términos de imagen a su órgano reproductivo y eso es posible de ver es la insistencia de la literatura de la época en el amor maternal[13] como única expresión de la feminidad. En pocas palabras, el discurso de la feminidad abarcaba la dependencia, imagen de madre y esposa  entregada por entero a servir a su familia sin esperar nada a cambio.
 
            Haciendo un balance del Siglo XIX, el “Discurso de la Domesticidad” significó la creación de un amplio imaginario colectivo relacionado con las mujeres que era difícil de cuestionar, pues era legitimado también por el ente médico, científico y religioso de la época mencionada. A pesar de ésta realidad, hubo algunas mujeres que pusieron en cuestión los canones femeninos, siendo una de ellas Harriet Taylor Mill: esta feminista inglesa, en su obra titulada “Ensayos sobre la igualdad sexual” (1832), rechazó el ideal de feminidad puesto que la maternidad podía realizarse en forma conjunta con la actividad profesional y política de las mujeres y también hizo un llamado a la gente a valorar a las mujeres no solamente por su rol de madres. Por su parte, la feminista francesa María Deraismes proponía una nueva división sexual en cuanto al trabajo de la casa, se debía practicar un intercambio de actividades entre los esposos, con lo cual cuestionaba la raíz del discurso de la domesticidad: la separación entre el ámbito público y privado.
 
            Hacia fines del Siglo XIX y principios del SXX, el prototipo de mujer reflejado en el “Discurso de Domesticidad” dio paso a la imagen de “La Nueva Mujer Moderna”, una trasformación sucedida principalmente a consecuencia de la Gran Guerra. Se comenzó a valorar la función de la mujer en la sociedad y, al mismo tiempo, hubo una liberalización en torno a como debía ser, predominio del estilo garconne[14].
 
             De acuerdo a Mary Nash, en su libro “Mujeres del Mundo” el término “Feminismo” propiamente tal nació en Francia a finales del Siglo XIX. Pese a que no hay claridad con el origen del término[15], la feminista francesa Huberrine Auclert se auto-atribuyó la creación del termino, fue una de las fundadoras de la primera sociedad de sufragio femenino en Francia y también una de las primeras personas que permitió generalizar el uso de la palabra ya reseñada en distintos ámbitos de la sociedad. En tanto, su compatriota, Madeleine Pelletier, asoció “feminismo” con la opresión de la clase obrera, dándole de ésta forma una dimensión social a la comprensión del término. Es importante mencionar que, a juicio de Simone de Beauvoir, el verdadero autor de la palabra “Feminismo” es León Richier, el cual en el año 1869 creo “Los Derechos de la Mujer” y en 1878 organizó el “Primer Congreso Internacional de los Derechos Femeninos”.
 
            Uno de los hitos del feminismo en Europa fue el papel de las mujeres y su lucha por el reconocimiento de los derechos en la Revolución Francesa, esto porque a diferencia de las décadas anteriores se practicó un feminismo de corte más colectivo manifestado en la creación  de clubes femeninos republicanos, por mencionar un ejemplo. Tomando como referente el discurso de la Revolución basado en los principios de libertad, igualdad y fraternidad las mujeres apuntaron a una representación política propia pues solamente alguien de su sexo podía representar los intereses de ellas. Pese a las peticiones de las mujeres, en Agosto del año 1789 la Asamblea Nacional proclamó la “Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano” sin incluir las demandas femeninas. En este sentido, es importante mencionar que la irrupción de las mujeres de carácter popular  en las barricadas y en las jornadas revolucionarias del 5 y 6 de Octubre de 1789  en la marcha sobre Versalles  marcó un precedente en la práctica femenina de la ciudadanía como tampoco de soberanía popular de género, pues esto permitió la irrupción de la imagen de la heroína revolucionaria , en una perspectiva positiva y negativa: en lo primero se destacaba la labor de ciudadana que velaba por la soberanía popular y lo segundo se asociaba con la violencia y terror.
 
           En este contexto, en 1791  Olimpia de Gouges publicó la réplica femenina de la “Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano” titulada “Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadanía”[16], escrito donde denunciaba que la Revolución Francesa “había denegado los derechos políticos a las mujeres y puso de relieve la falsedad del universalismo de los presupuestos revolucionarios de igualdad y libertad”[17] y es así como pidió para las mujeres el derecho a la libertad, a la propiedad, acceso a los cargos públicos, al voto etc. Sin embargo, los derechos femeninos no fueron reconocidos como tales no solamente en la dictadura de los Jacobinos sino también en la política Napoleónica, siendo ejemplo de lo anterior el Código Civil de Napoleón (1804) que vedó cualquier derechos civiles a las mujeres.
 
            Otro hito del Feminismo, aunque esta vez en América del Norte, se dio a mediados del Siglo XIX con el congreso pionero en Julio de 1848 en Seneca Falls, un pequeño pueblo del estado de Nueva York, donde se abordaron algunas temáticas de las mujeres y lo cual representó el nacimiento del movimiento para los derechos de la mujer generando como resultado la “Declaración de Sentimientos” de Seneca Falls. Respecto de este escrito, Mary Nash señala “Del mismo modo que El Manifiesto Comunista de Marx y Engels fue un texto singular fundacional para el movimiento obrero en 1848, la “Declaración de Sentimientos de Seneca Falls constituyó un manifiesto paradigmático para el movimiento feminista”[18], escrito en el cual se emplazaba a los hombres de la sociedad estadounidense a terminar con la privación del derecho ciudadano del voto, la carencia de derechos de la mujer casada y la exclusión femenina de diversas profesiones.
 
            Otro punto importante en la trayectoria del Feminismo es su relación con el obrerismo, en esta interacción la expresión tradicional de ésta corriente se sumó a las múltiples demandas sociales, económicas y personales que formaban parte de los programas de lucha de las trabajadoras. Una figura representativa es la anarquista  estadounidense Emma Goldman, cuyo pensamiento tenía como norte la libertad individual que incluyera, por cierto, las necesidades de las trabajadoras y la idea de una trasformación social hacia un sistema más justo en términos sociales.
 
El Feminismo en Latinoamérica
 
           Haciendo un balance de la influencia del Feminismo en el Cono Sur, señala Asunción Lavrin en su libro “Mujeres, feminismo y cambio social en Argentina, Chile y Uruguay 1890-1940”, se resalta la idea de que el feminismo se desarrolló principalmente en los centros urbanos de Buenos Aires, Montevideo y Santiago, ciudades que fueron cunas de ideas y movimientos feministas donde se comunicaban entre si. Empezó a hablar y definirse de feminismo como un movimiento entre 1898 y 1905, donde predominaba hasta 1910 dos interpretaciones feministas: una de tendencia socialista[19], inspirada en los escritos de Augusto Bebel y otro de tendencia liberal[20], inspirada en los artículos de John Stuart Mill. Uno de los rasgos que distingue el “Feminismo” en América Latina es su flexibilidad y en ese sentido hubo una apropiación de las demandas de cada una de las tendencias con respecto a la otra: por ejemplo, “las ideas socialistas relativas a la necesidad de proteger a las mujeres y a los niños obreros ya las conocían las feministas de clase media, quienes las asimilaron, mientras que las feministas socialistas se unían a las campañas por reformar los códigos  civiles y de sufragio, ambos objetivos feministas esencialmente liberales”[21].
 
            Considerando un lapso temporal de 50 años, desde 1890 hasta 1940, es posible identificar dos generaciones de mujeres feministas. Las primeras nacieron entre 1875 y 1895, estando activas hacia 1900 hasta 1930 y las segundas, en tanto, nacieron desde 1895 hasta 1915, estando activas en las décadas de los 30 y 40. La primera generación debió combatir el tradicionalismo de una sociedad de marcado carácter patriarcal, tratando de luchar por la visibilización de un discurso en el contexto social que reflejara algunas de las demandas femeninas y también no parecer propuestas subversivas; mientras la segunda debieron preocuparse de establecer una identidad a la imagen de “mujer nueva”.
 
             Fueron tres los puntos esenciales del Feminismo inicial en el Cono Sur: reconocimiento intelectual de la capacidad de la mujer, el derecho de ejercer para toda mujer la actividad para la cual tuviese capacidades y finalmente su derecho a ser parte en la vida cívica y en la política. Ya en la segunda fase del Feminismo, variados son los temas que marcan esta segunda etapa: el papel de los sexos, feminismo como compensación[22] y el feminismo como actividad política entre otras temáticas.
 
             Cabe señalar  que en el transcurso del año 1910 se llevó a cabo en Buenos Aires el “Primer Congreso Femenino Internacional”, instancia en la cual se invitó a todas las mujeres asistentes a trabajar fuera del ámbito hogareño y de ésta manera poder optar a una independencia económica. Otra de las temáticas abordadas fue tratar de conciliar los términos de feminismo y feminidad, estableciendo que a través del primero se lograría el reconocimiento de la labor de las féminas en su labor de madres, artistas, profesionales y obreras. La realización de este Congreso  marcó un hito en el Feminismo de América Latina, porque por vez primera pudieron reunirse mujeres feministas de distintas tendencias con el fin de debatir y poder ir poco a poco ganando espacios de visibilización en la sociedad de la época.
 
             Conclusiones Capítulo
 
              A lo largo de estos párrafos hemos visto como el feminismo ha presentado a lo largo de la historia de la humanidad múltiples significados para las personas y los cuales están en directa relación con el contexto de la época, presentando un gran desafío al tratar de abordarlo conceptualmente por la multiplicidad de representaciones asociadas a ella y lo cual, sin lugar a dudas, obliga a precisar nuestro entendimiento  y uso de la palabra feminista en la investigación. Al respecto, para efectos de este estudio del Memch vemos el feminismo como un movimiento  social de mujeres que tenía como objetivo primordial exigir un reconocimiento de sus roles de trabajadora, esposa y madre, es decir, superar la dicotomía entre el espacio público y privado establecido por el “Discurso de la Domesticidad”.
 
             Una de las primeras expresiones colectivas del movimiento feminista fue durante la Revolución Francesa, cuando las mujeres, tomando como referente los valores enarbolados por los protagonistas de 1789, plantearon una visibilización de los derechos que finalmente fue rechazada tanto en  la Dictadura Jacobina como bajo el mandato de Napoleón. Otro hito importante del Feminismo, a nivel mundial, fue la “Declaración de Seneca Falls” en 1848 en un pueblo homónimo del estado de Nueva York, Estados Unidos, que emplazaba a los hombres de la sociedad norteamericana a darles derechos y reconocimientos políticos a las mujeres.
 
              Es importante señalar que para poder entender el Feminismo en el tiempo, se debe tener en consideración como elemento clave de la primera definición de feminismo es la libertad para su sexo. Una libertad no vista desde un punto de vista abstracta sino como una libertad que abarcaba distintos ámbitos de la sociedad, donde no había espacio para el cultivo del yo: la libertad defendida por ellas se debe entender en cuanto a ser útiles para ellas como individuos, también para sus familias y, por cierto, la sociedad en su conjunto. La libertad por la cual lucharon los movimientos en América Latina no tenía como norte la emancipación del yo, tal como sucedía con las acciones feministas en Europa y Estados Unidos, sino simplemente debían adecuar sus sueños y anhelos a los patrones de la época para no ser acusadas de subversivas. Ellas simplemente deseaban desde su rol tradicional de madres y esposas lograr transformaciones  en su papel en la sociedad que incluyera un mayor reconocimiento social a su labor, cambios que abordaremos en los siguientes capítulos.
                    

[1] Mary Nash, “Mujeres en el Mundo”, Alianza Editorial, Madrid, 2004, página 21.
[2] Ibid, página 22.
[3] Lavrin Asunción, “Mujeres, Feminismo y Cambio Social en Argentina, Chile y Uruguay 1890-1940”, Dirección de Archivos, Biblioteca y Museos –Centro de Investigaciones Diego Barros Arana, Santiago, 2005, página 15.
[4] Molyneux Maxime, “Movimientos de mujeres en América Latina: estudio comparado”, Universitat de Valencia, Madrid, 2003, página 108.
[5] Lavrin Asunción, “Mujeres, Feminismo y Cambio Social en Argentina, Chile y Uruguay 1890-1940”, Dirección de Archivos, Biblioteca y Museos –Centro de Investigaciones Diego Barros Arana, Santiago, 2005, página 18.
[6] Astelarra Judith, “El feminismo como perspectiva histórica y como práctica política”, Revista Chile América, 1982, Roma, pagina 108.
[7] Es importante indicar que los pilares del feminismo, tanto socialista como liberal, son los siguientes: reconocimiento de la capacidad intelectual de la mujer, derecho a ejercer su participación en la vida cívica y política y finalmente poder realizar cualquier actividad para las que tuviese alguna capacidad.
[8] Pinto Patricia, “Gabriela Mistral y Amanda Labarca: dos mujeres que aportan a la cultura”, Diario El Día, 23 Noviembre 1986, página 5.
[9] Edda Gaviola, Ximena Jiles, Lorella Lopresti y Claudia Rojas, “Queremos votar en las próximas elecciones”, Centro de análisis y difusión de la condición de la mujer, Santiago de Chile, 1986, página 29.
[10] Este discurso señalaba que los roles de las mujeres eran las de ser madres y esposa, dos funciones que se desarrollaban en la casa y, por ende, ese era el lugar de las féminas.
[11] Mary Nash, “Mujeres en el Mundo”, Alianza Editorial, Madrid, 2004, página 28.
[12] Ibid, página 29
[13] Asociado con el amor maternal estaban también la ternura, abnegación y dedicación a los demás
[14] Chica joven, de estilo bohemio, pelo corto, labios pintados y un proyecto emancipador de vida.
[15] Algunos investigadores han atribuido la creación  de la palabra feminista al socialista utópico francés Charles Fourier en el año 1830, mas la investigación histórica no ha encontrado registro de la palabra antes de 1870.
[16]  También esta declaración contenía derechos en el ámbito doméstico, donde rechazaba la doble moral sexual como también la equiparación legal de los esposos, además de una igualdad entre los hijos ilegítimos y legítimos.
[17] Mary Nash, “Mujeres en el Mundo”, Alianza Editorial, Madrid, 2004, página 77.
 
[18] Ibid, pág 82.
[19] El feminismo socialista tenía relación con los asuntos de clases y encontró cabida en los múltiples laborales de Chile, Uruguay y Argentina.
[20] El feminismo de tendencia liberal reflejaba los anhelos de mujeres y hombres de clase media que tenían como norte los derechos naturales de las personas y también lograr la igualdad entre los hombres y las mujeres.
[21] Lavrin Asunción, “Mujeres, Feminismo y Cambio Social en Argentina, Chile y Uruguay 1890-1940”, Dirección de Archivos, Biblioteca y Museos –Centro de Investigaciones Diego Barros Arana, Santiago, 2005, página 31.
[22] Tomando en cuenta la labor maternal de las mujeres, la sociedad en su conjunto debe compensar a las mujeres, pero no dándoles la igualdad sino un trato especial. La igualdad absoluta traería consigo la pérdida de muchos privilegios para las féminas. 

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