viernes, 23 de noviembre de 2012

Cartas de un abuelo a una guagua



* Continuando con la serie de cartas escritas por nuestro colaborador Horacio Flores a las guaguas, en esta ocasión nos habla sobre sus experiencias de vida referente a una gata muy especial que tuvo.


Ha pasado largo tiempo sin que te escriba. Nos falló el propósito de comentar tus primeras fiestas patrias, eran tus primeras y no pudo ser, quedaron sin ser consignadas por escrito.


Ahora me ha ocurrido una seguidilla de cosas a las que es difícil encontrar explicación racional. Hace algunos años unas ratas intentaron colonizar mi entretecho. La mejor solución era una gatita, operada para evitar que tuviera familia, los gatos se multiplican muy velozmente. Nos lanzamos con tu madre en busca de una y muy luego nos regalaron un bello ejemplar para el que tu mamita sugería un nombre tras otro, se los rechazaba todos y ella proponía otros que tampoco aceptaba. Se acercaba la publicación de ¿Chocherías? Y comuniqué a tu mamita el nombre de la gata, era Monicicilísima Felinus Optimus Vizcondesa de las Cumbres Techadas. No se asombró por lo extenso del nombre, sólo discutió que tenía que ser condesa, sin viz y le dijo “Moni”, la gata saltó a sus faldas feliz de conocer su apelativo.


Algunos meses más tarde, 1 de la mañana, por fuera de la ventana de mi dormitorio fuertes ruidos entre maullidos muy extraños, de gato en peligro o petición se socorro, me asomo y es Momicicilísima bañada en vómitos y sufriendo fuertes espasmos. Llamo a casa de mi hijo José, contesta mi nuera y le pido dirección de un veterinario,  me contesta que a esa hora hay que estar de acuerdo con uno para atención de urgencia , que espere su llamado. Muy luego me llama diciéndome que en población Manzanar hay uno que nos espera y ella viene saliendo para llevarnos.


El veterinario le practica un lavado de estómago, le administra sueros e inyecciones, terminado esto recién conocemos su voz. –Fue envenenada , el veneno desalojado con el lavado es solo una parte y es imposible saber cuanto pasó al organismo, la inyección le va a proteger, en parte, el hígado, está viva, no se puede hacer más, si vive unas pocas horas estaría salvada. Vivió, recibió un par más de inyecciones y continuó con su aventurera vida. Medio año más tarde no llegó a casa, pregunté por ella a todo el vecindario. Por su respuesta poco clara deduje que una viudita muy querendona de los animales me la había conquistado y la tenía entre  convencida a quedarse con muchos mimos y cautiva con les perros sueltos en su patio. Pronto llegó a nuestro poder otra monicicilísima idéntica a la anterior, digo nuestro porque eran los contactos de tu mamita los que nos proveían de gatas operadas.


Atención por lo brusco del cambio de tema, no es una jugada del Alzheimer. Años antes,  diez o quince, destiné un sector de mi patio a plantación de gladiolos, pasados algunos años cambié a crisantemos. Esto lo hacía con la guía del maestro de maestros en cultivos florales,  Bercemet Salazar, conocidísimo por el apodo del Zorro. Con la persistencia de cultivos era lógico que el terreno lo conociera como a mis manos,  Dejé por año y medio mi casa a otra persona y al volver encontré en él una depresión de medidas regulares, 1,20 m por 0,70m. y0.05 m. de hundidura. Durante todos los años de mi cultivo de flores, el que terminé debido a  las alzas en el valor del agua, el terreno no tuvo la depresión descrita y que parecía haberse dejado un hoyo sin echar la suficiente tierra.  Durante un par de meses la extraña depresión rondó por mi cabeza hasta que decidí hacer en su centro un hoyo pequeño, ancho el tamaño de una y media pala por dos y medio anchos de pala de largo y cuando pasé los 40 centímetros de profundidad paré.  No había encontrado nada que me permitiera suponer todas las novelas que me hacía cavando y para profundizar tenía que ampliar el área de trabajo. No devolví la tierra a mi excavación ni ese día ni el siguiente en el que recortando unos crateus frente a la ventana de mi dormitorio bajo ellos, en la orilla y ligeramente cubierto había un gato muerto, guantes una bolsa apropiada, pienso –afortunadamente mañana pasa el camión colector de basura y echaré a este gatito. Lo saco y es mi  perdida Monicicilísima, no podía ser echada a la basura y le tenía, increíble, la sepultura cavada. Con cariño y respeto la  deje caer dentro de “su” sepultura y la tape con tierra alumbrado por la luna llena.


Mitigo mi soledad contando cosas a mis vecinos y vecinas. Todos opinaron que vino a despedirse de mí cundo presintió las muerte. Tengo dudas ¿Y si recordó que desde ese lugar, bajo mi ventana, fue llevada para salvarla del envenenamiento y le concedieron varios años más de vida? ¿No esperaría una repetición?
Hasta pronto querido Espía.

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