jueves, 1 de julio de 2010

Las Reformas Borbónicas y sus efectos en Chile



*La llegada de los Borbones no sólo significó la llegada de una nueva dinastía al poder sino el arribo de una nueva forma de gobernar, cuya aplicación en América fracasó porque no tomaron en cuenta la realidad del continente. Por Luis Felipe Caneo.


El fin de la Dinastía de los Habsburgo y la llegada de los Borbones a la Corona de España, no sólo significó el cambio de la Dinastía Gobernante sino también el arribo de una nueva forma de gobernar, con un deseo de centralización del poder, en desmedro de las élites locales que lo tenían en el “Nuevo Mundo”. España, a finales del siglo XVII, se encontraba inmersa en una marcada decadencia socio-política, agudizada durante el transcurso del reinado de Carlos III, el Hechizado, producto de su estado enfermizo como también la poca autoridad que manifestó en el día a día, murió sin dejar descendencia, poniendo fin a la Dinastía de los Hasburgo. Luego de una Guerra de Sucesión, Felipe de Anjou, nieto de Luis XIV, asume el trono de España, trayendo consigo toda la influencia del Racionalismo y Absolutismo Francés, cuyo fin era reorganizar todo el sistema social-político y económico del Imperio Español: proceso conocido como Reformas Borbónicas, las cuales fracasaron en América por una falta de conocimiento de la realidad socioeconómica, generando deseos de independencia en las clases dirigentes de éstas tierras. Demostrar lo anterior será el objetivo del presente ensayo.

No reconocimiento al consenso colonial logrado

Una de las características de la Dinastía de los Hasburgo en América fue la consolidación de un consenso colonial, entre lo deseado por la Corona y lo que la realidad a nivel local permitía, no debemos olvidar las presiones de las élites nacidas desde inicios de la Conquista Española. La lógica anterior se llevó a efecto dado al poder económico que ellas tenían, una realidad que obligó a los funcionarios reales a negociar con este grupo social, una acción donde se observa un debilitamiento del poder y no una transferencia de éste. Aquí la burocracia estatal jugó un rol mediador que Lynch denomina “Consenso Colonial”. Una realidad que si bien se transformó en una delegación de poder, por decirlo de alguna manera, permitió a Castilla mantener la lealtad de sus súbditos en tiempos en los cuales España y Europa estaban en plena Guerra de Sucesión.

El estado de consenso colonial, concretado durante la Era de los Hasburgo, llegó a su fin con el arribo Carlos III al poder en el año 1750, lo que se conoce como la “Segunda Conquista de América”, su actuar tenía como fin reafirmar su autoridad, con lo cual pretendía recuperar el control de los recursos americanos y defenderlos en contra de los extranjeros rivales. En ese sentido, la clave era el control y supervisión más estrecha y efectiva sobre las sociedades americanas y sus recursos, para lo cual la participación de los criollos en América quedó reducida y se implementó el sistema de Intendencias<!--[if !supportFootnotes]-->[1]<!--[endif]-->, las cuales vinieron a remplazar la labor de los Corregidores, cuestionadas por los abusos cometidos por los personeros que hicieron dicha función con los sistemas de repartimiento. Los funcionarios que encabezaron las Intendencias fueron peninsulares, en desmedro de los criollos, los cuales iban aumentando día tras día, impidiendo concretar las esperanzas de los americanos de llegar a puestos importantes dentro del poder colonial. En definitiva, lo que España vio como una política con un desarrollo racional, las élites locales lo interpretaron como un ataque a los intereses locales: el equilibrio logrado entre las dos fuerzas en juego, los Borbones no lo reconocieron con la imposición de un sistema cuyos beneficios iban totalmente a España, generando en los individuos un deseo de independencia real de la Metrópolis. Indicio que nos da luces del desconocimiento de la realidad de este continente por parte de la nueva dinastía.

Implementación de políticas comerciales, todo para España

El objetivo de la Corona de España era hacer de las Colonias, unidades geográficas dependientes económicamente de la Metrópolis, para de ésta forma generar crear un mercado donde vender la producción española, modelo económico en el cual ellas se transformarían en productores de materias primas, desprotegiendo a las industrias nacionales, como lo grafican las palabras de Díaz de Salcedo: "La provincia de Chillán y sus inmediaciones nos daban bayetas de mejor consistencia y duración (...) La misma provincia no sólo nos daba los ponchos a todo el reino sino que se extraían grandes cantidades para las provincias de Buenos Aires de que se originaba un ramo productivo al país que hoy se ve destruido absolutamente en cuanto a la extracción. Las fraguas de Coquimbo no sólo fabricaban las piezas, de cobre útiles al reino sino, además, era un ramo razonable de industria a favor de aquellos naturales y este comercio para su extracción (…).Hoy todos estos ramos que componían felicidad del reino en cuanto a interés y otros de menos cuantía se ven extremadamente abatidos aunque por diferentes causas, pero el mayor móvil es innegablemente, la abundancia de los efectos de Europa que han inundado a estas provincias con el lujo"<!--[if !supportFootnotes]-->[2]<!--[endif]-->.

Las Reformas Borbónicas, en el plano comercial-económico, significaron para las colonias hispanoamericanas una nueva legislación comercial, la que remplazaba el sistema de puerto único<!--[if !supportFootnotes]-->[3]<!--[endif]--> y el sistema de flotas y galeones, vigente hasta el siglo XVII, por los “Navíos de Registro”<!--[if !supportFootnotes]-->[4]<!--[endif]-->, mediante los cuales se pudo abastecer de manera más rápida de mercaderías europeas a América. A esto, debemos sumar la apertura del Cabo de Hornos, a partir del año 1740, el cual, a la larga, le permitió a Chile comerciar directamente con España. Una historia que tiene sus inicios con la estrecha relación, confluencia de intereses comunes, entre la corona francesa y la española, a partir del arribo a España de los Borbones en 1700; contexto en el cual “la política exclusivista de España debió ceder por las angustias del momento y como la única manera de mantener la comunicación con América y no dejarla en el desamparo”<!--[if !supportFootnotes]-->[5]<!--[endif]-->, permitiendo el ingreso de los barcos franceses para la venta de mercaderías europeas, concesión aprovechada por los aludidos para realizar el contrabando: una actividad ilícita que que las autoridades debieron hacerse los desentendidos, dando como resultado, en el caso de Chile, que puertos como los de Concepción, en la actual Región del Bío-Bío, se convirtieran en centros de contrabando.

El contrabando y la constante llegada de “navíos de registro” a las costas chilenas, provocaron una saturación del mercado chileno con mercaderías europeas, lo cual repercutió en los precios y en la quiebra de gran cantidad de comerciantes. Una situación generada, además, por la escasa población de Chile y lo reducido de sus necesidades. He aquí otra demostración del poco conocimiento de la realidad de América, crearon un mercado pero no estudiaron sus necesidades reales, siendo el resultado de lo anterior el fracaso de la interacción económica entre España y sus colonias.

El contrabando, sin duda alguna, perjudicó a los comerciantes limeños, ellos enviaban cantidades de dinero importantes a Chile para recibir a cambio géneros de Francia, situación que provocó que varios miembros de este grupo cayeran en bancarrota y otros no pudieron competir con los productos galos. A lo anterior, debemos considerar también la reversión de la corriente comercial entre Chile y Perú: en vez de llegar las mercaderías por la ruta Panamá- Lima, lo hacían por la vía Cabo de Hornos- Chile- Perú y en menor medida la de Buenos Aires-Chile. El surgimiento de las nuevas rutas comerciales es posible de interpretarlo como el primer paso de nuestros compatriotas de suprimir el tutelaje limeño a la economía chilena.

Otra de las reformas implementadas por España fue el establecimiento de un servicio regular de correos marítimos, con el objetivo de generar un sistema de comunicación entre la Península y sus colonias en el año 1764 y el 16 de Octubre de 1765, permitieron el comercio directo de Cuba, Santo Domingo, Puerto Rico, Isla Margarita y Trinidad y los puertos españoles de Cádiz, Sevilla, Alicante, Cartagena, Málaga, Barcelona, Santander, la Coruña y Gijón. Además, crearon el Virreinato de la Plata en el siglo XVIII, medida con la cual consolidaron el rol de mercado, de puerto internacional, de Buenos Aires; pero la decisión más importante fue la promulgación del Reglamento del Comercio Libre en el año 1778, posible de resumir en cuatro palabras: “comercio libre y protegido”. Si bien se generaba la posibilidad de comerciar con España, ésta acción quedaba reducida exclusivamente a materias primas, siguiendo la lógica borbónica, recibiendo a cambio gran cantidad de importaciones europeas, una realidad que provocó el nacimiento de una balanza comercial desequilibrada, una balanza comercial negativa, si ocupamos conceptos económicos actuales. Normativa que, con el pasar del tiempo, les permitió a los chilenos hacer un viaje en una embarcación propia, decisión que grafica nuevamente el poco conocimiento de España con respecto a Chile: los productores locales no contaban con dicho medio de transporte y, además, el volumen de producción no permitía completar la capacidad de un navío que hiciera rentable el traslado.

Los comerciantes americanos veían a sus colegas peninsulares como seres “abusadores y usureros”, por los altos costo que significaba relacionarse con ellos y los bajos precios que recibían de dicha operación. La compra de muchas de las mercaderías europeas les salían más baratas con proveedores de otras nacionalidades, como la francesa o la inglesa: ésta última tenía como ventaja a las colonias norteamericanas, las cuales se convirtieron para Inglaterra en un centro de operaciones para el contrabando desarrollado en las costas del Atlántico y en el Pacífico, bajo dominio español. La clase comercial quería llevar más allá el libre comercio, hacerlo para todos los puntos de la tierra, en donde España se convirtiera en el protector de sus intereses, mensaje que no supo leer el Rey y sus asesores, imponiendo una segunda conquista de América de una minoría a una mayoría que ya tenía el poder real de América, o sea, había una independencia virtual.

Debemos ser justos en el análisis, Chile tenía un precario estado económico dado a que descansaba en actividades agrícola, ganadera y minera donde se aplicaba una técnica rudimentaria, además de una explotación floja y un escaso mercado externo, es decir, Lima y el resto del Perú. Este último factor era una de las mayores dificultades para iniciar cualquier intento de desarrollo y de búsqueda de una nueva riqueza para Chile, complicando aun más la situación de la Colonia. la política borbónica al saturarla de productos europeos. Un beneficio exclusivo hacia la Corona que impulsó los deseos de Independencia de los criollos.

Una identidad hispanoamericana no tomada en cuenta

Las Reformas Borbónicas no sólo tuvieron impacto en los planos político, económico y comercial sino, también, en aspectos sociales y administrativos. De acuerdo al razonamiento borbónico, la centralización de la administración iba a generar mayor poder, para lo cual fue necesario dividir las distintas zonas del país en intendencias e iniciar un plan de urbanización del territorio, en donde se concentrará la población. Es así como en la zona Norte, en el pueblo de San Pedro de Atacama, se funda Toconao, el primer pueblo hispano en Atacama, decisión que provoca en las sociedades originarias una realidad bilingüe, con una pérdida progresiva de la lengua vernácula; se fundaron 24 villas, una labor en donde la figura del Gobernador Manso de Velasco jugó un rol fundamental al encabezar la fundación de San Felipe, Cauquenes, Talca, San Fernando, Rancagua entre otras. La concentración de la población tenía como fin un mayor control de ésta, para así evitar episodios de vandalismo y borracheras de parte de los peones de las Haciendas, con un afán de evitar el ocio en la población, en el denominado “sujeto popular” lo que nos habla de un afán de racionalizar a todos los miembros de la sociedad en pos de lograr una mayor eficacia en la producción de materias primas para que la interacción económica funcionará y en donde los individuos que no se ajustarán a las características impuestas por la Corona, era condenado a pasar un tiempo en la cárcel o cumplir su pena en los llamados trabajos forzosos, los cuales permitieron la edificación de gran cantidad de obras públicas.

Sin embargo, continuando en el plano social, los Borbones, al momento de aplicar sus políticas a América, no tomaron en cuenta la identidad hispanoamericana que se fue construyendo a lo largo de las décadas desde la conquista en este continente. Tiempo en el cual esta parte del mundo fue generando su propia identidad, tomando conciencia de su propia cultura, reflejado en el surgimiento del mestizo, haciéndose celosa de sus recursos, los cuales los consideraban como propios; todo lo anterior, como era de esperar, provocó que los seres de ésta tierra comenzarán a dudar de la fidelidad que los unía a España, a la Madre Patria. No haber tomado en cuenta la identidad hispanoamericana no hizo más que incentivar los deseos de independencia.

A la luz de los antecedentes expuestos en el presente ensayo, queda en evidencia que las Reformas Borbónicas fracasaron en su aplicación en América, no siendo la excepción Chile, dado al poco conocimiento de la realidad socio-política de este continente, reflejado, por citar un ejemplo, en el hecho de intentar de recuperar un poder, por parte de la Corona, el cual en la práctica era imposible de recuperar dado a que los criollos se habían convertido en un grupo mayoritario. En otras palabras, las reformas implementadas por los Borbones, centralización de la administración y libertad de comercio con España, provocó la caída de la ficción reinante en la relación entre sus colonias y España en la Era de los Habsburgo, una ficción donde primaba el consenso colonial en vez de la imposición<!--[if !supportFootnotes]-->[6]<!--[endif]-->, como acontecía durante el siglo XVIII, una situación que tarde o temprano iba a generar anhelos de independencia.

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Fuente Primaria:
-Palabras de Díaz de Salcedo en torno al comercio, citado por Sergio Villalobos en el libro “Tradición y Reforma” en 1810, Ediciones de la Universidad de Chile, Santiago, 1961, páginas 82-83.
Citas:
- Sergio Villalobos, El Comercio y la Crisis Colonial, Ediciones de la Universidad de Chile, Santiago de Chile, 1968, página 11.
Bibliografía:
- Barros Arana Diego. Historia General de Chile: tomo VI. Editorial Universitaria. Santiago de Chile. 2001
- Barros Arana Diego. Historia General de Chile: tomo VII. Editorial Universitaria. Santiago de Chile. 2001
-Boisier Etcheverry, S.: (2008) "Territorio, estado y sociedad en Chile. La dialéctica de la descentralización: entre la geografía y la gobernabilidad", Edición electrónica gratuita. Texto completo en www.eumed.net/tesis/2008/sbe/
-Historia Universal: América: de la conquista a la Independencia: tomo X. Editorial Sol90. Barcelona. 2004
- Lynch John. América Latina: entre colonia y nación. Editorial Crítica. Barcelona.2001
- Lynch John. Las Revoluciones hispanoamericanas: 1808-1826. Editorial Ariel. Barcelona. 1980.
- Mellafe Rolando. Historia Social de Chile y América. Editorial Universitaria. Santiago de Chile. 2004
- Villalobos Sergio. El Comercio y la Crisis Colonial: un mito de la independencia. Ediciones de la Universidad de Chile. Santiago de Chile. 1968.
- Vitale Luis. Interpretación Marxista de la Historia de Chile: tomo II. Centro de Estudios Miguel Enríquez. Santiago de Chile, 1967.
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<!--[endif]-->
<!--[if !supportFootnotes]-->[1]<!--[endif]--> Sistema político originario de Francia, cuya ventaja es la mayor eficacia y control de las autoridades que ofrece.
<!--[if !supportFootnotes]-->[2]<!--[endif]--> Citado por Sergio Villalobos en el libro “Tradición y Reforma” en 1810, Ediciones de la Universidad de Chile, Santiago, 1961, páginas 82-83.
<!--[if !supportFootnotes]-->[3]<!--[endif]--> Sevilla y Portobelo en España y América, respectivamente.
<!--[if !supportFootnotes]-->[4]<!--[endif]--> Recibían dicha nominación, pues tanto los comerciantes como las mercaderías debían registrarse ante las autoridades españolas.
<!--[if !supportFootnotes]-->[5]<!--[endif]--> Sergio Villalobos, El Comercio y la Crisis Colonial, Ediciones de la Universidad de Chile, Santiago de Chile, 1968, página 11.
<!--[if !supportFootnotes]-->[6]<!--[endif]--> Si bien había un debilitamiento del poder, la Corona Española, pese a sus constantes períodos de crisis, no tuvo que enfrentar durante el siglo XVII algún intento independentista, como si ocurrió en el siglo siguiente.